
La saga Splinter Cell se ha consolidado durante la pasada generación como la otra gran saga de acción y sigilo, y como uno de los referentes de la consola Xbox. El primer Splinter Cell, lanzado para Xbox a finales de 2002, fue un juego tremendamente llamativo que se constituía como el gran rival de Metal Gear Solid en el género que el juego de Konami inició. Con una historia ideada por Tom Clancy, el maestro de las novelas de guerra, Splinter Cell era un juego de sigilo que basaba gran parte de su mecánica en la iluminación, en mantenernos ocultos del enemigo usando las sombras.
Tres entregas después, lanzadas a un notable ritmo, y por primera vez en la nueva generación, Splinter Cell: Double Agent llega a Xbox 360 antes que a ninguna otra plataforma. Como os contamos en los avances del juego que hemos publicado en los últimos meses, Ubisoft pretende con Splinter Cell: Double Agent reinventar en parte su venerable saga de acción y sigilo. Las últimas entregas habían tenido poca innovación y eso se había notado en las ventas, y con Double Agent Ubisoft cambia muchas cosas, aunque manteniendo muchos de los elementos que han convertido a esta saga en un clásico.
La primera gran novedad es una importancia mucho mayor de la historia del juego. En anteriores entregas de Splinter Cell ésta había jugado un papel bastante secundario, haciendo prácticamente de excusa para hacernos viajar por todo el mundo, y con unos valores de producción no demasiado altos. En Doble Agente la historia está completamente integrada en el juego y, por primera vez, entra en el tema personal de Sam Fisher, no solo trata sobre política internacional. La hija de Sam Fisher ha muerto, y esto hace que Sam se replantee muchas cosas. El no tener ya nada que le una con el mundo permite a la NSA proponerle que se haga agente doble, que se infiltre en una organización terrorista con el objetivo último de desmantelarla desde dentro.
Esto no solo es un argumento curioso, pocas veces visto en el videojuego, sino que la historia cobra una importancia mucho mayor que en anteriores ocasiones, no solo porque haya una mayor cantidad de escenas cinemáticas enlazando los diversos acontecimientos del juego, y porque éstas se centren especialmente en los personajes, sus vivencias y sus emociones, sino también porque el hecho de que Sam sea ahora un agente doble crea el contexto para nuevas posibilidades jugables: Los dilemas morales.
Los dilemas morales se ven representados en el juego por las llamadas “barras de confianza”. Ya desde la primera misión comprobaremos cómo el éxito o fracaso de una operación está determinado por estas barras de confianza. En vez de tener un límite de alertas, lo que tenemos es un medidor que indica cuánto confían en nosotros nuestros jefes. Una acción sigilosa bien realizada hará que suba, una “cagada” tan habitual en este tipo de juegos –que los enemigos nos pillen in fraganti, como tantas veces suele ocurrir-, y la barra bajará. En la primera misión esto es fácil de entender, pues solo tenemos unos jefes. Cuando seamos un agente doble, es ahí donde juegan un papel tan importante los dilemas morales que, por cierto, influirán en la historia y en definitiva nos llevarán a uno de los diferentes finales del juego.